
05/04/08
El encuentro (Prologo)
Las calles de la ciudad estaba totalmente abarrotadas de puestos ambulantes los cuales hacían que el transito de peatones fuera lento y torpe. Varias personas corrían como si el diablo les persiguiera, bufando maldiciones y quejidos llenos de furia y enojo, pero a la vez de incertidumbre y tristeza. Por el aspecto que tenían; vestidos con ropajes totalmente desalineados, con los rostros y manos totalmente llenas de mugre, polvo y vaya a saber que otra clase de desperdicio, suciedad o mugre. Unos cuantos cargaban plásticos enormes corriendo a velocidades casi intransigentes, siendo capases de atropellar a otros peatones. En lo único en que pensaban era en poder tapar rápidamente sus pequeños negocios y claro también su mercancía.
Sobre la ciudad estaba cayendo la lluvia, de forma torrencial, como si un segundo diluvio fuera a desarrollarse a lo largo de varios días. Las calles estaban totalmente paralizadas, el tráfico era enormemente agotador. Los carros no se podían mover ni un centímetro sin golpear alguna defensa. El sonido de los claxon de cientos de autos sonaba de forma uniforme, haciendo que todo fuese más difícil para todos los conductores. “No podría ser peor” decía una viejita que deambulaba por aquellos lugares mientras llevaba consigo una pequeña niña en brazos.
Por arriba; desde los cielos se podían ver varios pares de sombrillas de todos tamaños y colores. De distintos precios y acabados. Se veían como manchas, más bien como pequeños animales asustadizos que corrían por llegar a algún lugar seco aun sin importar que mas empapados no podían estar. Pocas eran las personas que caminaban con poca premura, tomándose todo el tiempo, disfrutando del momento, viviendo aquel espectáculo natural.
Un hombre llamado Vita iba caminando con pasos relajados, flotando casi como un fantasma. Pocos eran los que alcanzaban a verlo con cara de asombro, pero se pasaban de largo impulsados por sus propios pies fuera de control. Vita llevaba en su mano izquierda un portafolios de piel negra, la cual seguramente quedaría atrofiado después de tanta agua. Y en su extremidad contraparte cogía un paraguas, el cual estaba completamente guardado en su funda protectora de vinyl u cualquier otro material derivado del plástico. Vita era un hombre atractivo, muy apuesto. Era alto, superaba la estatura promedio por diez centímetros, tenia un cabello negro deslumbrante, el cual era totalmente lacio, era de tez blanca, era aun mas blanco que la harina, la leche, la nieve o cualquier otra cosa que se le asemeje. Tenia unos ojos hermosos, eran castaños, pero tenia una mirada penetrante y poderosa, un ser bastante raro y único a su vez. Podía expresar mucho de si mismo y de los demás por medio de movimientos mímicos, con facciones y demás cosas. Se podía decir que era un hombre bastante sentimental, con muchos valores, con buenas bases familiares. Iba vestido con unos mocasines negros, un tanto puntiagudos de sus extremos. Con pantalón de vestir negro, una camisa de manga larga la cual lo hacia relucir entre tanta gua y nubes grises. El seguía su camino, sin dirigir mirada alguna a cualquier transeúnte u vendedor.
A unos cuantos metros del pelinegro Vita había una mujer; la cual era hermosa, joven y muy inteligente. Llevaba unos zapatos rojos, un rojo pálido, uno no muy común a decir verdad. También llevaba un vestido rojo, el cual le bajaba hasta la altura de la rodilla, se notaba que era de algún famoso sastre, o de mínimo de uno talentoso. Su nombre igual de raro y poco común era Mortis. Ella solamente llevaba una bolsa negra, de piel la cual denotaba y casi a gritos demostraba lo caro que pudo haber sido aquella bolsa al ser comprado. Mortis caminaba con mucha elegancia, pero sin caer en la llamada conservación de los valores morales. Cabe mencionar que esta mujer es blanca, no demasiado pero tiene mucho mejor tono de color en su piel, unos ojos negros hermosos como perlas sacadas de algún molusco. Sus ondulados chinos eran de color rubio, un rubio amarillento y brillante como miel de abeja.
El transito comenzó a volverse mas agitado, las personas matarían con tal de llegar a sus hogares y poder tomar un buen baño con agua caliente. Poder ver la televisión desde la comodidad de su sofá o poder disfrutar de un café hirviendo. Pero aquellas dos personas ya mencionadas no, ellas no tenían la necesidad tan marcada de llegar a sus hogares u algún otro lugar. Sus pasos tuvieron que ser controlados, para no perecer y tropezar con los fuertes empujones de las demás personas. En cierto momento quedaron casi frente a frente, pero con una buena distancia entre ellos, funcionando como bloqueo mental y visual, haciendo que no fuesen capaces de reconocerse uno al otro.
Siguieron avanzando, las personas seguían caminando (casi a empujones) tomando mayor velocidad y también un notorio cambio en su forma de emplear las fuerzas que tenían en sus respectivos cuerpos. En cierto momento, se cruzaron sus miradas, pero nadie recordaba nada, simplemente sus mentes estaban en otros lados. Casi se rebasaban mutuamente, casi dejando al otro detrás de su camino. Una anciana pordiosera (que en realidad era ratera y estafadora) choco contra Mortis, haciendo que esta callera hacia atrás y a su vez golpeando fuertemente al muchacho vestido de etiqueta. A la pobre anciana pordiosera se le cayeron sus monedas sobre toda la banqueta; y Mortis fue ayudada por su aun no identificado victimario. Vita la sujeto delicadamente de su mano, la levanto con un fuerte estirón y después la giro como si fuese una pequeña florecita hasta quedar cara a cara.
Mágicamente sus miradas se entrelazaron, cayendo profundamente en un estado letárgico, cada quien en su mente, sintiendo una inmensidad de sentimientos resurgir desde el pasado. Se hizo una conexión, esperando quien la fortaleciera primero haciendo a un lado sus miedos y similitudes. Ambos no podían creer que se habían encontrado de esa forma, en ese momento ni mucho menos en aquel lugar. No lo podían creen en absoluto. Fue algo inesperado, ambos consideraban muerto al otro (más que nada por deseos propios de nunca saber nada del otro y mucho menos encontrase o tener algún tipo de relación). Los dos estaban pasmados, no encontraba explicación lógica a lo que estaba pasando, no sabían que haces, ni si quiera podían pensar con claridad alguna. Las personas seguían pasando a sus lados, no sin echarles miradas curiosas esperando poder encontrarse con algo bueno u interesante y también estaban los que definitivamente echaban miradas de solemne desaprobación. Ambos intentaron decir algo, sus labios se movieron torpemente, pero al visualizar eso de inmediatamente cerraron sus bocas y sus pensamiento, realmente ninguno de los dos sabia que decir.
Daniel Lazcano Caballero