Flama menguante
Al conocernos te pregunté, “Dime qué prefieres, una relación larga y amistosa o un encuentro fugaz, apasionado y excitante”; sin chistar elegiste lo segundo, pero de eso ya había tenido yo demasiado, y elegí lo primero.
Por alguna razón supuse que Eras demasiado valioso como para perderte en una cita, en una incinerante cita y comencé a mandarte por pedazos el sentimiento.
Verte que quiero verte, tenerte era el anhelo, reflejarme en tus ojos y rozar tus manos, compartir un café y un abrazo.
La flama se apaga y ahora me pregunto si fue la elección correcta, ahora que no hay letras en el mar de la nostalgia que vayan y vengan como suaves mensajeras.
Olvidarte que quiero olvidarte, ignorarte que quisiera ignorarte, no pensarte en las horas vacías, no añorarte en mis letras continuas.