Te haces llamar Luna
Te haces llamar Luna
cuando estuviste ausente
en mis noches de insomnio,
al igual que los rayos del Sol.
Sí, debes llamarte Luna
pues, aún, echo de menos la marea
que, no obstante, en tu ausencia, provocas.
Hoy me doy cuenta que tu ausencia celeste
se debía a que mi colchón menguaba tu luz.
En efecto debes llamarte Luna.