el desayuno
Cada mañana despertaba respirando las flores del jardín contiguo, el olor a veces puede calmar el dolor.
La mayoría de las horas las pasaba recostado en cama, esperando que Julia, su madre, le trajera el
desayuno.
Se daba cuenta de que amanecía cuando las aves que se postraban cerca de la ventana iniciaban su
armonioso canto, detestoso para él.
El colchón de su cama tenía el contorno de su cuerpo asfixiado y cada vez más pesado.
Joaquín, cumplía veinte años, el tiempo había pasado por él y no le había dejado nada.
Era media mañana, al no llegar Julia con el desayuno, Joaquín se levantó apoyado en la pared, caminó
seis pasos y giró cuarenta y cinco grados a la izquierda para llegar hacia la puerta que daba al pasillo
de la casona.
Él conocía su habitación de memoria, sabía que su cama estaba en el medio de la habitación, al frente
de la ventana. Imaginaba que las cortinas eran blancas y largas pero también viejas. Su ropero estaba
en el costado izquierdo al lado de la cómoda, la cual estaba llena de ropa que nunca utilizó y otras
pertenencias. La radio estaba en el velador de la derecha y la lámpara – que no utilizaba – en el velador
de la izquierda. Tenía tijeras ocultas debajo de la cama, camufladas entre sus zapatos.
Tengo
hambre y sed gritó,
no escuchó que le contestaran.
Escuchaste
tengo hambre y sed. Y nadie le respondía.
Julia,
mamá, soy yo, Joaquín, tu hijo – gritó por última vez.
Volvió a su cama y se golpeó en la cabecera del catre, era inútil que gritara parecía que su madre había
salido pero ¿ A dónde? Ella siempre le avisaba con anticipación que saldría de compras o a alguna
reunión con sus amigas. Era extraño, él no estaba acostumbrado al silencio. ¿Dónde pudo haber ido?
Pensó.
Julia parió a Joaquín a sus treinta y cinco años, un año después se separó de su esposo, por problemas
de comprensión que condujeron a la infidelidad. Sintiéndose capaz de criar un hijo sola, empezó a trabajar
y a educarlo.
Joaquín era travieso y malcriado cuando niño. A medida que iba creciendo se volvió un muchacho agresivo
y violento. A sus doce años empezó a rodearse de amigos que eran mayores que él. Su grupo de
amistades se convirtió en una de las pandillas más peligrosas del colegio, bebían alcohol y no era
extraño verlos drogados. Cuando cumplió quince años perdió la vista en un accidente automovilístico,
después de salir de una fiesta donde habían bebido en honor a su cumpleaños.
A partir de esa fecha, Joaquín, se volvió mucho más violento y sólo pensaba en cómo hacerle daño a
su madre, a la cual le echaba la culpa de todas las tonterías que hizo y sobretodo sentía, por una razón
inexplicable, que ella era la culpable de su ceguez.
EL DESAYUNO 1
Otra vez en la cama, Joaquín, planeaba lo que le diría a su madre cuando regresara.
Maldita,
dónde fuiste, no te pusiste a pensar que tu hijo tiene hambrepensaba
y a la vez reía al
imaginar el rostro de ella cuando le dijera eso, pero él sólo imaginaba.
Te
odio, te detesto más que a nadie en el mundo, no sabes lo que haría si la ira se introdujera
en mí, no te imaginas lo que puedo hacer.
Joaquín, se tranquilizó un poco pero aún planeaba lo que le diría a su madre. El sueño le vencía por
momentos pero la desesperación no le dejaba en paz. Pasaban las horas y no llegaba. Hacía frío por
lo cual supuso que ya era de noche.
Se levantó de la cama, totalmente frenético ¿Dónde estás desgraciada? Gritaba sin motivo alguno,
agarrándose de la puerta.
Caminó hacia su cama, se detuvo porque creyó escuchar que alguien se acercaba, se arrodilló y sacó
las tijeras. Es el momento preciso para darle un susto a la vieja, pensó.
Pasaron algunos minutos y no se oía nada. Tal vez escuché mal, dijo. Mientras todavía agarraba las
tijeras con la mano derecha.
El viento soplaba lentamente, trayendo una brisa fría, dentro de la habitación. Joaquín sintió frío, se apoyó
en la cama y calculó la dirección en la cual estaba la ventana, se dirigió a ella. Tropezó con algo grande
cayendo al piso. Soltó la tijera, empezó a palpar el lastre, tenía forma de mujer. Se desesperó, tocó el
cabello, era largo y maltratado, siguió tocando tratando de hallar las manos, que estaban estiradas.
¿Quién es?, Gritó imaginando lo peor. Sintió los dedos gastados que agarraban algo firmemente. Gritó
desesperadamente como nunca pensó.